21 de mayo de 2026

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Teléfonos inteligentes en las escuelas: ¿si o no?

N de la R:

Partamos de la base de que si a un alumno la clase le interesa, no va a estar mirando su teléfono móvil. Lo mismo pasa cuando charlamos con alguien, si a ese alguien la charla no le interesa, podría estar mirando «lo que pasa» en su teléfono y «hacer» como que nos escucha. O sea, a los alumnos se los debe seducir con las clases, para que se interesen por ellas. Porque años atrás, antes de que existieran los smartphones, el alumno al que no le interesaba la clase, hacía dibujitos en sus hojas, o bien molestaba a los demás. Esto siempre ha ocurrido y nada de culpa tienen las nuevas herramientas tecnológicas.

Prohibir no creemos que sea la solución. Ya que a los adolescentes, aquello que está prohibido, los seduce aún más que lo permitido.-

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La tecnología y el aprendizaje

Darío Álvarez Klar, educador y presidente ejecutivo de la Asociación Civil HUB educación e innovación, no está de acuerdo en que se afecte el desarrollo de los jóvenes y, por el contrario, sostiene que «a través de la tecnología se hace accesible el aprendizaje”. 

La académica noruega afirma que la salud mental de los adolescentes empeoró al promediar lo que va del siglo debido al tiempo que están frente a la pantalla, y en particular al mayor uso de las redes sociales, a las que calificó de adictivas y dañinas y que alimentan una experiencia de inadecuación sobre su vida o apariencia personal. .

Pone como ejemplo que en 2019, el 29 % de las adolescentes y el 10 % de los adolescentes en su país informaron tener problemas de depresión o ansiedad. 

Otro enfoque, más conceptual, como el que publicaron en University of Chicago Press Journals John Deighton, Jacob Goldenberg y Andrew T. Stephen, para la Revista de la Asociación para la Investigación del Consumidor, contextualiza cómo el marketing y el comportamiento del consumidor fueron revolucionados en la última década por las tecnologías de comunicaciones móviles, que junto con las redes sociales y otros programas y servicios «conectados» que se ejecutan en dispositivos móviles,cambiaron radicalmente la forma en que las personas viven sus vidas.

“De manera bastante abrupta en una década, ya no estamos atados a la ubicación, y nuestras conexiones no están obligadas a ser episódicas, incluso cuando estamos separados por la distancia”, sostiene.

El poder del encuentro

Dos mil millones de personas con teléfonos inteligentes viven con el poder de encontrarse y, de mutuo acuerdo, de seguirse en casi todo momento, y 1.860 millones usan, al menos una vez al mes, las redes sociales que se montan en Facebook, justifica.

Nadie en ningún lugar con un teléfono móvil está fuera de su alcance, de hecho, fuera de la vista, excepto voluntariamente.

El mundo se volvió más pequeño, la información se hizo visible y se difunde a la velocidad de la luz.

En lugar de prohibir que se usen, Ward, Duke, Gnezy y Bos proponen asignar tiempo para estar lejos del dispositivo móvil, ya que su mera presencia, incluso si está boca abajo o apagado, puede afectar el rendimiento cognitivo de una persona. 

Advierten que el simple hecho de tener el teléfono inteligente cerca, cuando se hace algo no relacionado, puede ocupar los recursos mentales de una persona y reducir su capacidad cognitiva. 

A contramano, los teléfonos móviles juegan un papel cada vez más importante en la vida de los niños.

Padres, pedagogos, psicólogos, tecnólogos, publicistas, fabricantes y comerciantes tienen opiniones dispares sobre el tema.

La directora general de UNESCO, Audrey Azoulay, declaró hace poco que si bien estos dispositivos inteligentes encierran un potencial inconmensurable, la sociedad, incluida la escuela, debería regular su uso.

Con información de Noticias Argentinas.-