7 de mayo de 2026

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Lo que Trump no entiende de la República Islámica

Por Steven Erlanger. Gentileza de The New York Times.

El presidente Trump no deja de buscar la fórmula mágica que le dará la victoria en Irán.

Comenzó cuando exigió a finales de marzo que el país “ABRA COMPLETAMENTE” el estrecho de Ormuz —su cierre ha disparado los precios mundiales de la energía y los fertilizantes— o se enfrente a la destrucción de sus centrales eléctricas.

Cuando eso no funcionó, escaló la retórica y amenazó con eliminar “toda una civilización” si Irán no cumplía.

Cuando eso no funcionó, apostó por un bloqueo del transporte marítimo iraní, con el que esperaba afectar al régimen lo suficiente como para que renunciara por fin a su control de la vía marítima.

Y como eso no ha dado fruto, esta semana, en un nuevo esfuerzo por contrarrestar el control de Irán sobre el estrecho, Trump anunció un plan, con pocos detalles, para ayudar a guiar a los barcos varados ahí para que salgan.

Tampoco está claro que esto vaya a funcionar.

Irán respondió con algunos misiles y drones. Dados los riesgos, es poco probable que la mayoría de los petroleros se atrevan a cruzar el estrecho por ahora.

La convicción de Trump de que una mayor presión económica o incluso militar provocará la capitulación de Irán es profundamente errónea, señalan funcionarios y analistas. Afirman que es una interpretación equivocada de la estrategia, la psicología y la capacidad de adaptación de la República Islámica.

El gobierno iraní cree que por ahora tiene la ventaja. Piensa que puede resistir la nueva presión económica, como ha hecho en el pasado. Y algo crucial: cree que puede hacerlo durante más tiempo del que Trump puede tolerar el aumento de los precios mundiales y estadounidenses de la gasolina, la energía y los fertilizantes.

La guerra se ha convertido en una prueba de voluntades entre Irán y Estados Unidos. Pero para Irán, lo que está en juego es más importante; eso, en un enfrentamiento, le da una ventaja.

Muchos barcos sobre el agua con montañas al fondo bajo un suave cielo anaranjado.

El estrecho de Ormuz el viernes. Reuters

Una prueba de voluntades

Con el bloqueo, Trump está apostando a que la capacidad de Irán para almacenar el petróleo que produce, pero no puede exportar, se agotará pronto.

“Si no mueven su petróleo, toda su infraestructura petrolífera va a explotar”, dijo Trump a finales del mes pasado, y añadió: “Dicen que solo les quedan unos tres días antes de que eso ocurra”.

Pero esa afirmación —que ya se ha demostrado errónea— podría estar basada en un error de cálculo.

Los expertos en petróleo creen que Irán dispone al menos de varias semanas antes de que tenga que dejar de bombear, lo que puede causar daños importantes a su infraestructura. Pero Irán, que en abril exportaba unos 1,81 millones de barriles de petróleo al día, puede reducir su producción mientras sigue almacenando petróleo en petroleros vacíos o antiguos, que pueden contener aproximadamente dos millones de barriles cada uno, y transportar parte de esa producción por carretera y ferrocarril a Pakistán. Durante el primer mandato de Trump, Irán redujo la producción a unos 200.000 barriles diarios sin que se produjeran daños significativos en su infraestructura petrolera.

“Irán no está particularmente cerca de empezar siquiera” a cerrar sus pozos, dijo Brett Erickson, de Obsidian Risk Advisors. Las sanciones y el bloqueo tendrán algún efecto, pero “no hay ningún escenario viable en el que produzcan el resultado necesario en un plazo factible” para Trump. Incluso si la guerra terminara en este momento, dijo Erickson, “pasarán varios meses antes de que las cosas vuelvan a la normalidad”.

Donald Trump con traje oscuro, corbata amarilla y un prendedor de la bandera estadounidense.
Las tácticas del presidente Trump sobre Irán aún no han dado resultados. Tom Brenner para The New York Times
¿A una vuelta de tuerca?

Los expertos dudan que el tiempo esté a favor de Trump.

Estados Unidos “ciertamente puede hacer más daño a la economía iraní, pero ellos han resistido más presión que ninguna otra economía en la historia, y eso no ha producido el colapso del régimen ni posturas más razonables”, dijo Suzanne Maloney, especialista en Irán y directora del programa de política exterior de la Brookings Institution.

“Creo que el presidente Trump en realidad no entiende lo que mueve a los iraníes”, me dijo Sanam Vakil, directora del programa de Medio Oriente y el Norte de África de Chatham House. “Ellos no toman decisiones en función de su PIB, porque si fuera así, habrían hecho un trato hace años”.

En todo caso, las posturas de Irán se han endurecido en el transcurso de la guerra. Pero las tácticas de Trump no han cambiado. “En cada momento en que la presión no ha dado el resultado esperado, ha buscado una nueva herramienta de coacción que creía que le daría mágicamente la victoria”, dijo Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group. “Siempre cree que está a una pequeña vuelta de tuerca”.

No es que las estrategias estadounidenses no estén haciendo daño. Sí lo están haciendo. Pero Irán es un Estado tan autoritario que no existen los incentivos políticos que podrían impulsar un acuerdo, señaló Maloney.

Trump, por otro lado, enfrentará unas elecciones intermedias en otoño. Y el dolor que los votantes están dispuestos a soportar tiene su límite.

Por: The New York Times.-

Foto de portada: Tom Brenner para The New York Times.-