| – Contexto. Hinton creó hace años una empresa junto a dos alumnos, uno de los cuales se pasó a las filas de OpenAI como científico jefe, que terminó vendiendo a Google. Se trataba de una compañía que, a través de complejos algoritmos, identificaba objetos comunes como perros, gatos o flores. A día de hoy, puede parecer simple, pero parte de ese trabajo le dio lugar a tecnologías como ChatGPT.
– Arrepentimiento. Hinton, en una entrevista para el New York Times, dijo que parte de él se arrepiente de su trabajo y que renunció a Google para poder hablar de los riesgos que tiene la inteligencia artificial sin que sus opiniones afecten a la empresa para la que trabajaba. «Me consuelo con la excusa normal: si yo no lo hubiera desarrollado, otro lo habría hecho», explica.
– Los problemas. Según Hinton, todo venía bien dentro de Google hasta que Microsoft incluyó a GPT dentro de Bing, su buscador. Eso generó que en Google se activara un «código rojo» porque esa movida ponía en juego el negocio central de la gran G: las búsquedas y sus publicidades. Esta dura competencia, según Hinton, será imposible de parar y se crearán tantas imágenes y textos falsos que, según él, «nadie podrá identificar qué es real» y qué no.
– Futuro. Y esa es la preocupación a corto plazo que tiene Hinton. A largo plazo, las cosas son más complejas todavía. «Algunos creían en la idea de que estas cosas podrían ser más inteligentes que las personas. Pero creían que sería dentro de mucho tiempo. Yo pensaba que lo serían en 30 o 50 años, quizás más. Obviamente ya no lo pienso», aseguró. |
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