Sonó un anuncio largamente esperado: “La pandemia terminó”, declaró hace unos días en la televisión el presidente Joe Biden. “Todos parecen estar bastante bien”.
¿Tan bien estamos?
Para Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, la organización que decretó la pandemia, “aún no estamos ahí”, y, añadió, “el final está a la vista”.
A la vista por todo el mundo aún quedan muchas mascarillas, recomendaciones de distanciamiento social, cientos de personas infectadas diariamente y millones con graves secuelas tras sobrevivir a la covid.
Fuera de la vista, los virólogos advierten que la evolución del virus parece haberse estabilizado: la variante ómicron, la decimotercera del SARS-CoV-2, es la dominante desde hace 10 meses. Carl Zimmer ofrece una explicación sobre cómo ha prosperado ómicron en esta “lotería genética” y qué significa para el futuro.
Una buena noticia es que hay tratamientos antivirales para las personas que dan positivo al virus. Tenemos una guía detallada para entender cómo funcionan estos fármacos. También han empezado a distribuirse refuerzos de la vacuna actualizados para ómicron.
La mala noticia, escribe la profesora Zeynep Tufekci, es que “se les está dando tan poca publicidad, y hay tanto escepticismo injustificado en torno a ellas, que muy pocas personas podrían ponérselas”.
Las vacunas por sí solas, prosigue Tufekci, no son la panacea. Pero la vacunación de grandes poblaciones puede ayudar a mantener a raya los contagios, la covid persistente y, a la larga, contribuir a la vuelta a la normalidad.
Por Elda Cantú. Senior News Editor, Latin America para The New York Times.-
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