El relato oficial de una economía en recuperación acaba de chocar de frente con la dura realidad de los números. En un golpe que desmiente las promesas gubernamentales, la venta de insumos para la construcción se desplomó un alarmante 12,10% en mayo respecto a abril, según el último Índice Construya (IC). Esta caída no es un dato menor: interrumpe de manera abrupta un incipiente y frágil crecimiento de los tres meses previos, encendiendo las alarmas sobre el verdadero estado de la actividad económica y el futuro de miles de puestos de trabajo.
El sector de la construcción, históricamente un termómetro sensible de la economía real y un motor fundamental para la generación de empleo, se ve una vez más golpeado por la incertidumbre y la falta de un plan claro. Si bien desde el Grupo Construya se aferran a una comparación interanual con un aumento del 8,9%, el dato mensual es el que verdaderamente refleja la coyuntura y la tendencia. Y esa tendencia, lejos de la consolidación, muestra una «elevada volatilidad» que no permite hablar de ninguna «estabilización» real.
La Asociación de Fabricantes de Cemento Portland, por ejemplo, informó una caída del 8% en los despachos de cemento en mayo en comparación con abril, y un 1% interanual. Estas cifras no mienten: la obra pública paralizada, la caída del poder adquisitivo y la falta de estímulos para la inversión privada están generando un parate que se traduce directamente en menos ladrillos, menos cemento y, lo que es más grave, menos trabajo.
Los aumentos marginales registrados en febrero (6,9%), marzo (8,2%) y abril (10,4%) ahora parecen un espejismo, una tenue luz que se apagó rápidamente en mayo. Esta «recuperación gradual» que mencionan desde el Grupo Construya es, en la práctica, una lenta agonía para muchas pequeñas y medianas empresas del sector, que ven cómo la demanda se retrae y la capacidad de planificar a mediano plazo se esfuma.
El gobierno, en su afán por mostrar logros, parece ignorar la complejidad de la cadena de valor de la construcción, que abarca desde la fabricación de ladrillos cerámicos y cemento, hasta la carpintería de aluminio, sanitarios, grifería y materiales eléctricos. Cada punto de caída en este índice representa un impacto directo en un entramado productivo y de servicios que da trabajo a una porción significativa de la población.
La expectativa de «que en la medida que el proceso de estabilización continúe su marcha, la recuperación de la cadena de valor de la construcción pueda consolidarse y comience a crecer» suena más a un deseo que a una proyección basada en datos sólidos. La realidad es que, sin una reactivación del consumo interno, sin inversión pública que traccione y sin señales claras que generen confianza en los inversores privados, el sector continuará en esta montaña rusa de caídas y repuntes efímeros.
Infonews Cooperativa.-
Foto ilustrativa de archivo de www.rperez.com.ar



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