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Sucedió en agosto de 1968. Se lo intentó disfrazar como una farsa publicitaria. Un auto y sus tripulantes desaparecieron en Chascomús y reaparecieron en México. «Qué es esto» publicó la prensa de entonces -La Nación, La Razón y La Mañana-, escandalizada. El investigador Fabio Zerpa aseguró que el caso fue verdadero y que el general de brigada Eduardo Argentino Señorans le confió: “No se llama Vidal ese matrimonio, porque por seguridad colocamos un nombre supuesto”.
En la penumbra de una noche de mayo de 1968, el matrimonio Vidal se encontraba a la deriva en la ruta nacional N° 2, entre Chascomús y Maipú, un trayecto habitual que se transformaría en una odisea de lo inexplicable. Una densa niebla, como un manto de misterio, se cernió sobre su Peugeot 403, marcando el inicio de un suceso que resonaría en la historia de la ufología argentina y en los rincones más oscuros de la manipulación mediática.
Los testimonios son siempre un eco distante en la vastedad del tiempo, y este caso no es la excepción. Según la narrativa oficial, tras perder la conciencia en el espeso banco de niebla, los Vidal despertaron 48 horas después en una carretera rural de México, a más de 6,400 kilómetros de su hogar. En ese instante, la realidad se tornó un laberinto del que nadie podría salir ileso. Los relojes, congelados en el tiempo, y la pintura del automóvil, quemada como si hubiera sido víctima de un soporífico rayo cósmico, eran pruebas de un episodio que desafiaba la lógica.

LOS DATOS DUROS
En agosto de 1968, el supuesto matrimonio Vidal, que viajaba de Chascomús a Maipú en la provincia de Buenos Aires, Argentina, desapareció misteriosamente tras una cena con amigos. Después de que los amigos llegaran a destino, notaron la ausencia del matrimonio y decidieron volver a buscarlo, pero no encontraron rastro alguno. La policía descartó un accidente.
Horas más tarde, el Consulado Argentino en México informó al escribano local, don Rafael López Pellegrini, que los Vidal se encontraban en México y regresarían por vía aérea, pidiendo discreción para permitir una investigación. A su llegada, Esther Raffo fue internada por nerviosismo.
El relato de José Vidal indica que, tras entrar en un espeso banco de niebla, perdió la memoria y despertó en un camino desconocido, junto a su esposa. El automóvil, un Peugeot 403, presentaba daños en la pintura y ambos tenían molestias en las nucas, sin señales de violencia. Tras determinar que habían estado ausentes cerca de 48 horas, las autoridades confiscaban el vehículo y les proporcionaban uno nuevo del mismo modelo.

¿QUÉ ES ESTO? Y EN PLENA DICTADURA DE ONGANÍA
La noticia se esparció como pólvora entre los medios de comunicación. La Razón, La Nación y La Mañana se hicieron eco de un relato que parecía sacado de un guion de ciencia ficción. Sin embargo, semanas después, un «manto de silencio» cubrió el caso. Los protagonistas, aparentemente, se desvanecieron en la niebla de su propia historia, y las voces que antes clamaban por respuestas ahora murmuraban temerosamente.
Pero detrás del telón de lo inexplicable, hay un hilo oscuro que entrelaza a conocidos del espectáculo y una estrategia publicitaria que, como un truco de magia, se apoderó de la realidad. Los investigadores Alejandro Chionetti y luego Alejandro Agostinelli desenterraron una trama tejida con los hilos de la mentira y la ambición. Aníbal Uset, director de la película «Che OVNI», reconoció que el Caso Vidal fue fabricado para promocionar su film, un intento de catapultar al olvido de la crítica a un proyecto cinematográfico que necesitaba del susurro del misterio para sobrevivir.
La revelación de Uset es un eco perturbador que nos invita a cuestionar la veracidad de los relatos que se nos presentan como verdades irrefutables. La teletransportación, la niebla y los encuentros con seres desconocidos se convierten en piezas de un rompecabezas más grande, donde la ficción y la realidad se entrelazan de manera intrincada.

¿QUIÉN ERA EL GENERAL SEÑORANS?
El general de brigada Eduardo Argentino Señorans, director general del Servicio de Inteligencia del Ejército Argentino, pronunció unas palabras que resonarían como un tambor en la conciencia colectiva: “El caso es real, pero no se llama Vidal”. El mensaje fue confiado al célebre investigador Fabio Zerpa. Su declaración sugiere que, en el fondo de este enigma, hay verdades ocultas, nombres disfrazados y un entramado que trasciende las fronteras del entendimiento humano.
Zerpa aseguró por entonces: “El famoso Caso Vidal, es auténtico y verdadero. Sólo que nosotros investigamos siempre ese apellido, y no encontrábamos la realidad, hasta que en una conferencia mía dada en un Club Militar, el Director General del Servicio de Inteligencia del Ejército Argentino, en aquel momento, el General Señorans, me dijo lo siguiente: “El caso es real, pero no se llama Vidal ese matrimonio, porque por seguridad colocamos un nombre supuesto”.
Señorans participó activamente en el golpe de Estado de septiembre de 1955 contra el General Juan Domingo Perón. Fue nombrado secretario de Guerra interino el 10 de agosto de 1962, pero renunció al día siguiente tras ser desconocido por el comandante en jefe del Ejército, Carlos Toranzo Montero.
Durante la dictadura conocida como «Revolución Argentina», inició en 1966 su rol como secretario de Inteligencia del Estado, donde, junto a Mario Fonseca, implementó el plan represivo que culminó en la tristemente célebre Noche de los Bastones Largos. Se desempeñó en este cargo hasta marzo de 1971.

Así, el Caso Vidal se erige como un monumento a la ambigüedad, donde la búsqueda de la verdad se convierte en un laberinto de espejos. ¿Fue un fraude? ¿Un experimento de control social? ¿O acaso un auténtico encuentro con lo desconocido? La historia, rica en matices y sombras, deja en el aire una pregunta inquietante: ¿qué verdades estamos dispuestos a aceptar y qué mitos estamos dispuestos a desmantelar?
Como un susurro entre las hojas en una noche de bruma, el caso perdura en la memoria colectiva, un recordatorio de que en la búsqueda de lo inexplicable, la línea entre la realidad y la ficción es más delgada de lo que nos gustaría creer.


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