Tanto arriba como abajo del escenario parecen imparables. El público, en su mayoría sub40, los acompaña a todas partes y no solo poguean en todas las canciones sino que meten trapos con nombres de barrios y frases que alimentan la mística rockera y popular. Los hermanos cierran un gran año con dos Luna repletos y estuvimos ahí para contártelo.
Fue en 2015. Esa noche fue la primera vez que entré al Luna Park para verlos. Este viernes 16 de diciembre regresé. En el medio los vi varias veces más (ahí mismo y en otros lugares).
La primera diferencia que podemos marcar entre esa oportunidad y ésta es que -claro- éramos un poco más jóvenes (ellos, yo, vos). Ahora todo se volvió más maduro. Los chicos editaron dos discos más y sumaron varios hits radiales. Pero hay más puntos para señalar: en ese primer show que los vi habían desplegado una pasarela en el medio del campo, habían puesto efectos de fuego (que este año usaron para otros recitales, no es que lo abandonaron por completo). Aquella primera vez que los vi también estaba presente un instrumento tan grande como hermoso y diferente: el gong. Esta vez parece que se quedó en la sala de ensayo.
Lo justo es aclarar que las cosas que no cambiaron, en estos siete años de un recital a otro, también son muchas: siguen siendo impecables con sus performances. Saben cuáles son sus fuertes con los instrumentos, voces, y lo explotan. Los músicos y técnicos también están hace años con ellos y se nota en la solidez. Mantienen los espacios para zapar y hacer covers de canciones en inglés y siguen cerrando con la pista de «Por una cabeza».
Otra cosa intacta es la convocatoria: toda fecha que anuncian la agotan rápidamente. Y si bien siempre se suma público nuevo, la mayoría los sigue incondicionalmente. Hay familias enteras que van a verlos. Hay adolescentes pero también personas treintañeras y cuarentonas (congéneres de los músicos).
Suenan hits, muchos hits, de esta banda -que si bien tiene una productora atrás haciendo de soporte en muchas movidas- no es especialmente lo que se llama un grupo de hijos mimados de la prensa ni salen a hacer muchas notas, tampoco. Hay muchas cosas que siguen igual que ayer pero si hay algo que caracteriza a un show de ellos es que nadie se queda quieto: ni arriba ni abajo del escenario.
El pogo es constante. No para nunca. ¿Acaso esa gente no se cansa? pareciera que no. Arriba del escenario están Patricio, Guido y Gastón -aka «los hermanos Sardelli»- pareciendo, también, imparables.
El que más corre y salta de un lado a otro es el más chico de los tres (Guido), quien en un principio tocaba la batería pero se convirtió en un nuevo frontman y guitarrista. Él canta y agita. Hoy, después de tanto camino, ya no es el «segundo» cantante sino que está a la par de Patricio, el especialista en todo, el que canta, toca la guitarra escandalosamente pero también luce destreza y naturalidad cuando se sienta al piano. Gastón es el más grande de los tres, el que no cambia de instrumento en todo el show, el que hace coros y sonríe. Parece un guardián.
Airbag mueve las fichas del tablero constantemente y juega su propio juego. Y si de juegos hablamos hubo un condimento especial en la noche del viernes que seguramente diga presente otra vez -y con más intensidad- en el segundo recital que tienen planeado para hoy, sábado 17: la gente no podía contener el entusiasmo mundialista y tanto en la previa como en algunos tramos del show donde cortaban los bloques de canciones arrancaban a corear «Muchachosssss…». Había muchas camisetas de la selección y hasta alguna que otra estampita de Messi en las manos de jóvenes con la ilusión de ver a la Argentina campeón por primera vez en sus vidas.
En el set list de este cierre de año de Airbag podría decirse que fue muy distinto a otros de los últimos, incluso de los Luna que hicieron en este invierno pasado, porque hicieron canciones que hace mucho no tocaban. Fue raro, sí, como el año en sí porque según Patricio todo este 2022 fue «raro», en cuanto a cosas que vivimos como sociedad, a la energía que manejamos en un diciembre que le reza a D10. Será raro en varios aspectos, sí, pero fue un buen año para la banda y su masa de fans porque tuvieron la oportunidad de hacer un estadio de fútbol por primera vez: en septiembre tocaron en la cancha de Argentinos abriendo, como en su momento lo hicieron con Obras cuando fue reabierto para música, una seguidilla de espectáculos como el de WOS (quien ayer, en ese mismo momento estaba tocando en La Plata).
Las máscaras de calavera que sacaron a pasear de gira fueron usadas por primera vez acá para uno de los temas clásicos: Huracán. Y casi como si fuera un guiño con Halloween en la previa navideña, sacaron a un Frankenstein inflable gigante para divertirse en otra de las canciones.
Los Sardelli que ofician de cantantes principales también aprovechan el mic para dar mensajes, hacer comentarios y agradecer. Antes de tocar «Perdido», Patricio dice algo así como que toda persona en algún momento se marea y se pierde pero que cuando a él le pasa eso la guitarra le recuerda el camino. Luego, Guido le dedica «Libertad» a las hermanas y los hermanos de Perú, quienes siempre apoyaron «cuando nadie lo hacía» (sic) y quienes hoy sufren una gran crisis.
El público -que no solo poguea sino que también dialoga con todo recurso que puede- llevó banderas con nombres de barrios y una muy grande desplegada sobre las cabezas del campo que estaba dedicada a Airbag y decía «Esta locura no tiene cura». Casi robado de la mística ricotera.
Todo fue emoción. Todo fue intensidad. El canto de la gente parecía tapar de a ratos a la propia voz de los Sardelli pero hubo un momento en particular que todos y todas estaban esperando: la versión instrumental del himno argentino que es un infaltable en todos y cada uno de los recitales de Airbag. Jóvenes y no tan jóvenes cantaron bien fuerte como si estuvieran en un rito mágico que empodera a los jugadores que este domingo pelearán por la Copa.
Airbag lo hizo de nuevo: sacudió el Luna con el sonido fuerte y con el pogo ininterrumpido de su campo. Airbag, que no entra en ninguna escena del rock nacional porque no comparte escenarios con nadie (excepto cuando son convocados para festivales masivos, obvio), ni graban feat con nadie; Airbag que si bien tiene rotación en las principales radios no hacen mega campañas de prensa y rara vez son reseñados por periodistas musicales; Airbag que carga aún con la mochila de un comienzo ligado a un producto pop… ese Airbag se ganó su página en la historia del rock nacional porque entre otras cosas lograron que pibes y pibas quieran escuchar al género.
Por Cecilia Díaz. Gentileza de Infonews.-



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