21 de abril de 2026

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Buenos Aires en invierno: 4 planes imperdibles para disfrutar la ciudad en días fríos

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Buenos Aires se pone distinta cuando llega el frío. La gente se refugia en lugares que durante el resto del año pasan medio desapercibidos. Y acá viene la sorpresa: la ciudad respira un aire especial entre mayo y agosto que vale la pena conocer.

Los visitantes de la ciudad que llegan en micros a Buenos Aires desde cualquier parte del interior del país, suelen traer camperas gruesas y expectativas bajas sobre qué hacer con tanto frío. Pero eso es sin dudas un error, ya que la capital federal del país tiene mucho encanto invernal.

Los museos que abrazan (literalmente)

El MALBA (Museo de Arte Latinoamericano) en invierno es otro mundo. Las obras de la mismísima Frida Kahlo y el prestigioso Berni parecen conversar distinto cuando uno llega con la nariz colorada del viento porteño. El horario, según la página oficial, es de jueves a lunes de 12:00 a 20:00, los miércoles de 11:00 a 20:00 (un poco más temprano) y los martes, cerrado.

Por su parte, el Museo Nacional de Bellas Artes también es un museo importante que en invierno cambia su ritmo. Este museo -que a diferencia del MALBA descansa los lunes- está abierto de 11.00 a 19.30. Las salas climatizadas se convierten en refugios donde el arte argentino e internacional dialoga con visitantes que llegan escapando del frío o la lluvia otoñal, tan persistente en Buenos Aires en esta temporada.

Para los más excéntricos, Recoleta cuenta con un museo no tan conocido pero súper interesante: el museo de Xul Solar. Ubicado en Laprida 1212, este espacio recopila la obra del excéntrico artista ofreciendo un recorrido minucioso por su universo, tan delirante como sentido. Sus horarios son de martes a viernes de 12:00 a 20:00 y los sábados de 12:00 a 19:00. Se mantiene cerrado domingos, lunes y feriados.

Cafés icónicos e imperdibles

El icónico café Tortoni -en plena Avenida de Mayo- en invierno recupera su alma de café de barrio. Esas mesas de mármol que en verano reciben oleadas de turistas, durante los meses fríos vuelven a ser un poco más el territorio de habitués que estiran el cortado mientras leen el diario o conversan con un colega. El aroma a café tostado se mezcla con el vapor de las conversaciones y crea esa atmósfera que solo Buenos Aires sabe fabricar.

La Biela, frente al cementerio de Recoleta, tiene su propia magia invernal. Las ventanas empañadas enmarcan un panorama de peatones apurados que contrastan con la calma del interior. Los churros con dulce de leche llegan a la mesa humeantes, como pequeños salvavidas calóricos.

En Boedo, el café Margot mantiene viva la tradición tanguera con noches que en invierno se vuelven más acogedoras. Los músicos tocan más cerca del público y las voces encuentran eco en corazones que buscan calor humano. ¡Para no perdérselo!

Milongas que calientan el alma

El tango en invierno es pura química. La música del bandoneón parece encontrar su temperatura ideal cuando afuera baja el termómetro. El Salón Canning -en Av. Scalabrini Ortiz 1331- ofrece clases seguidas de milongas que se extienden hasta tarde. Durante los meses fríos, este espacio de Palermo se transforma en una especie de refugio emocional donde bailar no es solo diversión sino también calefacción natural.

Otras milongas interesantes para ir a disfrutar -sea bailando o sólo viendo y escuchando- son la Milonga Parakultural (en Maipú 365, barrio San Nicolás), que sucede los martes y viernes a las 22 horas. También El Abrazo Verdadero (en Sarmiento 3632, Almagro), que tiene lugar los sábados a las 17:00. O la mítica Yira Yira Milonga, en La Rioja 1180, San Cristóbal, a la que se puede asistir los viernes a las 21:00. ¡Muchas opciones para no perderse!

Paseos que regalan sorpresas heladas

Puerto Madero bajo cielo plomizo tiene su belleza particular. Los diques reflejan nubes grises que, lejos de deprimir, crean un paisaje casi cinematográfico. Los restaurantes de la Costanera Sur se convierten en bunkers gastronómicos donde un buen bife de chorizo acompañado de malbec encuentra su contexto perfecto.

El Jardín Botánico esconde tesoros invernales que pocos conocen. Los árboles pelados dejan al descubierto estructuras arquitectónicas que el follaje veraniego oculta. Los invernaderos, además, ofrecen un contraste térmico que resulta casi terapéutico: pasar del frío exterior al calor húmedo tropical en dos pasos.

La Reserva Ecológica también vale la pena cuando bajan las temperaturas. Los senderos menos transitados permiten observar aves migratorias que solo aparecen en esta época. El silencio invernal, cortado apenas por el viento entre los pastizales, regala momentos de contemplación que en temporada alta serían imposibles.

Buenos Aires en invierno no es sino una metrópoli que invita a redescubrir desde otro ángulo. Los que planifican escapadas a la capital harían bien en considerar que a veces las mejores experiencias llegan cuando menos se las espera, incluso con el termómetro marcando números bajitos.