9 de mayo de 2026

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Una bebida que «desestresa» revoluciona Nueva York

Se trata de el KAVA. Para las culturas del Pacífico Sur el kava no es una novedad, sus habitantes lo consumen hace miles de años. Pero sus efectos sedantes hicieron que en la actualidad conquiste a un público tan lejano geográfica como culturalmente: jóvenes neoyorquinos que buscan desestresarse tras largas jornadas laborales y que empiezan a optar por ella en reemplazo del alcohol.

La raíz del kava, molida hasta convertirla en polvo, se mezcla con agua y luego se cuela. Puede tener sabor a agua con barro y hasta provocar arcadas si no se bate con fruta en un «kavatail», pero sus adeptos aseguran que mejora el humor y alivia el estrés de la vida moderna.

La bebida anestesia levemente la lengua y los labios, relaja y a la vez provoca euforia. «Si hay una ciudad que necesita relajarse un poquito y calmarse, es Nueva York», dice Harding Stowe, el propietario de Brooklyn Kava en Bushwick. «Creo que esto va a prender de manera explosiva, y pienso que ya está comenzando», analiza el empresario de 31 años.

El kava tiene sus raíces en la tradición de islas del Pacífico como Fiyi, pero en Occidente empieza a ser considerado como una alternativa al alcohol por parte de jóvenes que quieren salir sin despertarse con resaca al día siguiente.

«Es muy relajante. No es como el alcohol o las drogas», opina la artista Sabrina Cheng, de 26 años. «Tengo una baja intolerancia al alcohol, pero con el kava podés estar acá todo el día, leer un libro, trabajar en la computadora, hablar».

Los sondeos muestran que los adolescentes y millenials toman menos que sus padres. «Ya no se considera como antes que esté bueno salir de bares todas las noches», explica Stowe. «La gente quiere algo nuevo y que sea saludable».

Un boom inicial del kava en Occidente en la década de 1990 alimentó importaciones de baja calidad, lo cual combinado al escaso conocimiento de la planta generó publicidad negativasobre eventuales problemas de salud y condujo a prohibiciones en Europa. Muchos negocios ligados al kava fracasaron.

Pero aunque la agencia gubernamental de alimentación y medicamentos de Estados Unidos advirtió en 2002 de un potencial riesgo «raro» de lesión grave del hígado asociada a productos que contienen kava, la raíz atraviesa vive un renovado furor, y las exportaciones desde Fiyi se han más que duplicado entre 2012 y 2016.

«A diferencia de lo que pasaba en los años 90, el conocimiento académico de la planta es mucho mayor. Ha sido estudiada a fondo y es generalmente percibida como algo seguro y benéfico», dice Zbigniew Dumienski, investigador del kava en la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda.

Aunque ya es bastante conocido en Florida, el kava recién empieza a arraigarse en la Gran Manzana, donde hay solo tres establecimientos dedicados al kava de un total de 10.000 bares. Increíblemente, dos de ellos están muy próximos, a una distancia que puede recorrerse a pie en Bushwick.

Es el ambiente perfecto para el surgimiento del cliente estadounidense de kava: jóvenes de poco más de 20 años, que están dando los primeros pasos en carreras estresantes, atravesando relaciones amorosas, batallando los crecientes problemas del subte neoyorquino, y en esta ciudad demócrata, tratando de lidiar con la depresión tras la elección de Trump.

«Tuve mucha ansiedad en mi empleo anterior, y esto definitivamente me ayudó mucho», dice Phil Mai, de 25 años, un analista financiero de una empresa de comunicación en Manhattan, sentado en la barra de House of Kava con su amiga Susie. «Solía tomar alcohol dos o tres veces por semana, y en el fin de semana a veces me emborrachaba», dice. «Creo que tomé mi último trago probablemente como hace dos semanas». Nota de Clarín.com.-