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El conjunto asiático se despidió ayer de la Copa del Mundo tras ser derrotado en tanda de penales ante Croacia
Decenas de bolsas de basura se inflaron y agitaron durante los himnos e instantes previos al pitazo inicial. Los simpatizantes asiáticos le dieron una doble función, tal como acostumbran: aportaron color en el principio y más tarde barrieron con todos los desechos que se generaron en su sector durante el encuentro frente a los croatas.
No esperaron a que Daizen Maeda pusiera en ventaja al cuadro nipón sobre el epílogo del primer tiempo, sino que gritaron, aplaudieron y saltaron a lo largo de toda esta etapa. Y más. Hasta podría decirse que los fanáticos tuvieron algo de responsabilidad por el empuje que aportaron desde afuera a los jugadores justo antes de que se quebrara el cero en el estadio Al Janoub.
No son los «pituglobos» de cancha, son las bolsas de basura que después usan los japoneses para recoger residuos (REUTERS/Dylan Martinez).Bombos, redoblantes y bandera gigante de su país. Claramente los japoneses les sacaron una luz de ventaja a los hinchas croatas en la cita por los octavos de final del Mundial que clasificó a los balcánicos, que ahora enfrentarán al poderoso Brasil. Pero por esas cosas del fútbol, la suerte, habilidad y enorme tarea del guardameta Dominik Livakovic (le contuvo las penas máximas a Takumi Minamino, Kaoru Mitoma y Maya Yoshida), tuvieron que despedirse de su sueño copero.
“Ohhh, vamos nipón”, fue una de las canciones que más se oyeron en la cancha ubicada al sur de Doha, con melodía similar a la que utilizan casi todos los clubes del fútbol argentino. Las gargantas se enrojecieron incluso consumada la eliminación, que atentó contra la ilusión de un pueblo japonés que creyó que por primera vez en la historia su equipo masculino de fútbol iba a pasar a los cuartos de final de una Copa del Mundo. Desde su primera participación en Francia 98, los orientales siempre se clasificaron a los Mundiales, aunque jamás atravesaron octavos (se despidieron en primera ronda en el 98, 2006 y 2014, mientras que cayeron en el primer mano a mano en 2002, 2010, 2018 y hoy).
La última barra de energía y vitalidad de los japoneses fue empleada para hacer un bien: a pesar de que muchísimos de ellos lloraban desconsolados en la platea -devenida en popular porque observaron todo el cotejo parados- detrás del arco donde se ejecutó la tanda, no dejaron de recoger los residuos que quedaron en el sector. Y no solamente los que habían hecho ellos, sino también los del público en general.
Ese fue el último adiós de la primera hinchada sustentable de la Copa del Mundo.
Nota gentileza de Infobae.-
Fotografías: REUTERS/John Sibley.-




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