Muchas veces escuchamos y repetimos la palabra hipocresía. Pero rara vez nos detenemos a pensar en su significado, y sobre todo que quién o quiénes nos están diciendo algo, que luego, resulta totalmente falso.
¿Qué podría ocurrir si un día nos levantamos con ganas de escribir o gritarle a todos, que parte de lo que nos está diciendo alguien, es falso? ¿Se pudriría todo? Porque varias veces nos vemos en la obligación de silenciar nuestras voces ante la posibilidad de dañar a alguien. Incluso cuando ese alguien no ha pensado mucho en que nos está dañando a nosotros.
Pero ¿qué es la hipocresía?: Pues la hipocresía es la falsedad que demuestra una persona en sus acciones o en sus palabras, fingiendo o pretendiendo cualidades o sentimientos que, en realidad, no tiene. La palabra, como tal, proviene del griego ὑποκρισία (hypokrisía).
La hipocresía proviene del deseo o necesidad de esconder nuestros sentimientos o motivaciones reales a los demás, proyectando una imagen falsa o irreal de nosotros mismos.
En la hipocresía existe una inconsistencia entre lo que se piensa y se hace o se dice, esto con la finalidad de no revelar nuestra verdadera personalidad. En este sentido, la hipocresía es engañar a los demás; es una de las tantas formas que adquiere la mentira.
El Nuevo Testamento dice en una parte: «no hay ningún secreto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse” (Lucas, 12: 1-2).»



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