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El relato de tres catequistas que acusan de abuso a un cura de San Isidro

El párroco Mario Koessler está imputado por la justicia penal y piden que sea llevado a juicio oral. Los abusos ocurrieron entre 2014 y 2015.

“Me levanto para saludarlo y se me acerca para darme un beso. Yo tenía los brazos pegados al cuerpo. Peso 52 kilos y él pesaba 120. De repente me aprieta, me trinca, me mete la lengua en la boca y me la pasa por toda la cara. Pone su pierna en mi entrepierna, acerca la cara a mi oído y empieza a jadear. Quedé petrificada”, recordó Nora en diálogo con Télam, sobre el ataque que concluyó cuando pudo darle un empujón y alejarse de su despacho.

Nora tiene 74 años y es catequista desde los 18. Denunció que fue abusada por el cura Mario Koessler en febrero de 2015 durante una reunión a la que la citó tras ofrecerle coordinar la catequesis de los niños en la Parroquia San José, ubicada en Diego Palma y Garibaldi.

Las mujeres decidieron hacer la denuncia penal contra Koessler en la Unidad Fiscal y el juzgado de Violencia de Género número 1 a cargo del doctor Ricardo Costa. La carátula es abuso sexual agravado. El religioso fue apartado de su cargo por el Obispado de San Isidro.

A fines de noviembre, la justicia penal de San Isidro imputó a Koessler por abuso sexual agravado contra las tres mujeres catequistas de 74, 62 y 39 años. Los ataques, de acuerdo a la denuncia, ocurrieron en el despacho del sacerdote en la Parroquia San José, de ese municipio bonaerense, entre finales de 2014 y agosto de 2015.

Otra de las víctimas es Catalina, es un nombre ficticio a pedido de la mujer de 39 años, relató haber vivido una situación similar en agosto de 2015 cuando se acercó a Koessler para pedirle conforto espiritual después de enterarse que una persona de su entorno familiar había sufrido un abuso, lo que le hizo revivir su propia historia de abusos perpetrados por su padre en su Paraguay natal.

“Me fui al despacho y le conté lo que me pasaba. ‘Es una estadística. El hombre tiene sus instintos’, me dijo, y me invitó a confesarme. Me sentí enfurecida y me levanté para irme pero me agarró por la fuerza y me apretó. Puso la cara cerca de la mía y empezó a jadear. Lo empujé y salí. Para mí fue un abusador más“, contó Catalina, quién trabaja como empleada doméstica y por entonces era catequista del grupo de padres de la Parroquia San José los sábados.

Un ataque de idénticas características denunció haber sufrido Felisa (que también pidió mantener su identidad bajo reserva) a finales de 2014, pero guardó el secreto hasta que en febrero de 2015 Nora le contó lo que le había ocurrido.

“Te creo porque a mí me pasó lo mismo”, soltó entonces, aunque recién a mediados del año pasado ambas comenzarían a narrar los abusos a sus hijos y allegados, y se encontrarían con el testimonio de Catalina.

Ya con el respaldo familiar y tras realizar varios pedidos lograron mantener reuniones con Ojea en el Obispado de San Isidro. “Se mostró sorprendido. ‘Tengo que hablar con él, tengo que escucharlo’, nos dijo. Lo mínimo que podría haber hecho es darnos contención”, coincidieron las tres mujeres, que tras los abusos buscaron atención psicológica que mantienen hasta hoy.

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